La autogestión proporciona agua de calidad a 25% de los habitantes de Latinoamérica

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Hace un mes tuvo lugar en Panamá el VII Encuentro Latinoamericano de Gestión Comunitaria del Agua, en el que 22 países discutieron sobre su uso y conservación, con el auspicio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Agencia de Cooperación Españolas.

Una de las conclusiones fundamentales de la reunión fue que la gestión comunitaria es la que ha mejorado la calidad del agua en América Latina, como respuesta al abandono de los gobiernos de sus países a las zonas más alejadas.

Por eso, recuerda la agencia EFE con datos del BID y de los gestores, 80 mil organizaciones comunitarias han logrado que el 25% de los habitantes de la región –y en Centroamérica llegan a ser el 40%– tengan agua de calidad. Y la región es la que más recursos hídricos tiene en el mundo, recalca la agencia de noticias.

Se llaman Ocsas, Organizaciones Comunitarias de Servicios de Agua. Rolando Marín, el presidente de la Confederación Latinoamericana que las agrupa, dijo a EFE que “la mayoría de los gobiernos de Latinoamérica se han dedicado a llevar agua a las grandes ciudades y han desatendido las comunidades periurbanas y las zonas rurales, por eso surgió la gestión comunitaria”, explicó a Efe el presidente de la Confederación Latinoamericana de Organizaciones Comunitarias de Servicios de Agua y Saneamiento (OCSAS), Rolando Marín.

Nacieron a mediados del siglo veinte en Chile y Costa Rica, dice Marín. “Son un ejemplo de autogestión, ya que son ellas mismas las que dirigen los acueductos y ponen los precios del agua, y la mayoría de sus líderes no reciben ningún tipo de remuneración, sino que lo hacen por vocación o compromiso social”, explica la nota de EFE.

EFE entrevista a Edgar Vivas, un gestor comunicativo del Valle del Cauca en Cali, Colombia: “Las mujeres de mi comunidad tenían que ir hasta la quebradita más cercana a lavar y cargar el agua en la cabeza hasta las casas. Todo esto motivó a que la comunidad se organizase y empezáramos a trabajar en un proyecto de abastecimiento del agua”, Vivas agregó que “un ciudadano de Cali que recibe agua de una empresa privada o pública puede pagar hasta 5 dólares más al mes que uno que tiene el servicio gracias a una Ocsas”.

Terra.com abunda en la experiencia de Cali, con el testimonio de Vivas. “Cuando construimos el acueducto, dejaron de morir niños y de celebrarse hundes [rituales funerarios de origen afro que se celebran en la costa pacífica para despedir a los niños muertos]”, cuenta Vivas.

“Pero el acueducto no cayó del cielo ni el Estado tampoco fue a construirlo. Los vecinos del área se organizaron y empezaron a llamar puerta a puerta hasta reunir 9 millones de pesos de entonces. En 1997, el sistema de agua y alcantarillado de Jamundí era una realidad”, apunta el texto.

Por otra parte, un artículo del blog del BID recuerda que las Ocsas “son garantes” de la resolución de la ONU sobre ‘el derecho al agua potable y el saneamiento como un derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos.

“Mediante el apoyo de diversas organizaciones de sociedad civil, no gubernamentales y agencias de cooperación, las Ocsas han ido procurando mayor reconocimiento, fortalecimiento y cohesión”, agrega el texto, que recuerda que en 2010 se hizo el Primer Encuentro Latinoamericano de Gestión Comunitaria del Agua, en Samaipata – Bolivia, con la participación de 300 personas, entre los que hubo representantes de OCSAS de ocho países latinoamericanos y desde entonces se han hecho siete más en Cuzco  Cuzco, Perú (2011), Cuenca, Ecuador (2012), San Bernardino, Paraguay (2013), San Carlos, Costa Rica (2014), Olmué, Chile (2015) y Santiago, Panamá (2016)

En el encuentro de Panamá del mes pasado estuvieron unos 200 representantes de estas Ocsas.

“Aunque en los últimos 25 años Latinoamérica ha conseguido que 220 millones de personas tengan acceso a servicios de agua y servicios de saneamiento, aún hay 34 millones de personas que no tienen “agua segura” y corren el riesgo de contraer distintas enfermedades, según datos del BID”, acota, sin embargo, la nota de EFE. Invertir de manera integral en agua, saneamiento y depuración tiene una alta rentabilidad social y sanitaria, pero también económica, porque por cada dólar que se invierte hay un retorno de entre 8 y 35 dólares, apuntó la Jefa del Departamento del Fondo de Cooperación para Agua y Saneamiento de la AECID, Carmen Jové.

“El principal escollo al que se enfrentan estos guardianes del agua es la invisibilidad. La mayoría no cuenta con el reconocimiento de los Estados”, apunta Terra.com

 

 

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