Canales que burlan la censura en Venezuela

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Además de las formas clásicas de la censura, en Venezuela se instaló en los años recientes una de nuevo cuño: la compra de medios de comunicación por personas interpuestas –testaferros–, televisoras y periódicos que luego se han convertido en órganos propagandistas del gobierno o en espacios de silencio forzado.

Esta situación no solo ha producido el mejor periodismo de la historia reciente, en nuevos medios digitales, dirigidos y hechos por reporteros, que se levantaron con innovadoras formas de financiación en las que no median los grandes intereses de siempre. Esta coyuntura–estos más de dos meses de protestas con 66 muertos, y cientos de heridos y detenidos, y que también han puesto a los reporteros que las cubren como blanco de la represión y la violencia–, ha generado respuestas incontestables a la distorsión oficial y a la mordaza: canales de información rigurosa y verificada, y otros que, además, hacen parte de la protesta creativa.

Servicio de Información Pública. El medio es el canal Telegram, que funciona como servicio de chat en el teléfono móvil, bajo el mismo nombre. Comenzaron a finales de abril, cuando las protestas cumplían un mes. Aymara Lorenzo, Odell López Escote, Clavel Rangel y Víctor Amaya se juntaron para reunir información completamente verifada y hacer varias emisiones al día, hasta 10 según el movimiento noticioso. También transmiten por Soundcloud.

Te lo Cuento news. Un grupo de periodistas que viven en distintos países del mundo abrieron este medio en 2012 para “informar a la comunidad inmigrante de latinos en el mundo, con información relevante de lo que ocurre en sus países”. En las últimas semanas, han potenciado la cobertura de Venezuela. Usan la plataforma de las redes sociales para hacer transmisiones en directo

#HuérfanosDeLaSalud. El Instituto de Prensa y Sociedad de Venezuela lleva a cabo esta investigación periodística de seis entregas sobre la crisis del sistema público de salud en el país y cómo afecta en particular a los niños. “Huérfanos de la Salud es un proyecto de periodismo de investigación sobre el desempeño estatal en seis áreas clave para la atención médica de la población infantil”, dicen en la web de IPYS. Llevan tres capítulos publicados: el primero, sobre la falta de mantenimiento y el abandono de los equipos de atención obstétrica y neonatal; el segundo, sobre las fallas en la distribución de las vacunas en el país y el negocio de la compra de vacunas; el tercero, sobre la desnutrición grave y la precaria atención a sus víctimas en los centros de salud públicos.

El Bus TV. Caracas, 30 de mayo. En la imagen se ve a dos mujeres levantar el brazo para llamar a la buseta. Llevan un marco de anime que dice El Bus TV en el borde superior y Venezuela en el borde inferior. Suben, se ponen delante de los asientos, una sosteniendo el marco que hace las veces de pantalla de televisión, la otra narrando las noticias detrás de él:  “Muy buenos días y bienvenidos a una nueva emisión de El Bus TV. El ministerio de Salud informó que en 2016 murieron en Venezuela 11.476 bebés recién nacidos”, lee. En otra buseta: “Para llevar a la casa los productos de la canasta alimentaria, los venezolanos necesitan gastar 800 mil bolívares y eso equivale a cuatro salarios mínimos. Y, entre otras noticias, las panaderías continúan sin pan”. Es la segunda transmisión de Bus TV.

4 de junio. Valencia, estado Carabobo, a 200 kilómetros de la capital: “Murieron tres niños por falta de oxigeno en la maternidad del hospital central de Valencia. Una bomba lacrimógena puede costar 40 dólares, a cambio del dólar paralelo equivale a más de 200 mil bolívares.Más de un año tiene paralizada la construcción del metro de Valencia. Y, entre otras noticias, las panaderías de Valencia continúan sin pan”.

La audiencia es la gente que usa el transporte público, que es la mayoría, porque no tienen acceso a vehículos personales. Y tampoco suelen tener acceso a internet o las redes sociales, aunque la penetración de la telefonía móvil en Venezuela es inmensa. Esa gente agradece y aplaude, la mayoría de las veces, al final de la emisión de El Bus TV.

“Tantos años sin poder recibir información de lo que pasa hacen que una actividad como esta, que es sencilla —no hacemos nada fuera de lo común: somos periodistas que estamos dando información, para eso estudiamos— es realmente como volver a los orígenes. Yo estoy segura de que había mucha gente ahí que tenía mucho tiempo que no veía un noticiero, algunos muchachos probablemente no habían visto en su vida un noticiero. La situación aquí está así”, le dijo a CNN en Español Laura Helena Castillo, una de las propulsoras de esta actividad que comenzó hace poco más de dos semanas y que a su vez es una forma de protesta creativa y no violenta.

Es un equipo de seis comunicadores que suben al autobús, piden permiso al conductor, pagan el pasaje –aunque muchas veces el chofer se niega–, y se alternan la lectura de las noticias.

“No es el noticiero de la Mesa de la Unidad Democrática, ni de la oposición. Es dramático que haya explicar esto: un noticiero no debería tener que explicar si está en un lugar u otro. Los periodistas damos noticias, las recogemos en las calles y sí, claro, hay una línea editorial”, señala Castillo.

Lo dice El Bus TV en su twitter: “La ruta y el destino final es la información veraz”.  En el correo contacto.elbustv@gmail.com han recibido solicitudes para replicar la iniciativa, por lo que el equipo diseñó un instructivo.

 

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