El bibliotecario de libros rescatados de la basura busca voluntarios

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La casa está cuesta arriba al borde de la calzada, en el sector San Cristóbal de La Nueva Gloria –uno de los barrios con esa orografía tan familiar de las zonas populares de muchas ciudades de Latinoamérica–, sur de Bogotá. Es el hogar de José Alberto y Luz Mery Gutiérrez, casados hace más de 25 años, tres hijos. Y la casa, también, de más de 15.000 libros. Una biblioteca comunitaria infantil y juvenil.

Libros sacados de la basura: alguien los dejó primero en los contenedores y José Alberto, que conoce bien los vertederos, los recogió, hasta 30 por semana en su momento. Luz Mery los reparó –ella llama su obra el hospital de libros: arreglaba las tapas, cosía los lomos, los clasificaba–. Los organizaba en la biblioteca que es la casa de los dos, en su primera planta, y abren los fines de semana para los niños del barrio. Esa frase de Jorge Luis Borges en la entrada: “Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca”.

José Alberto Gutiérrez creció escuchando las historias que su madre le leía por las noches y así comenzó su afición por los libros. “Mi madre me leía, nos acostaba leyendo. No eran muchos los libritos que tenía, eran como unas cartillas de estudio donde había historias de fábulas… Y todos estos cuenticos me enriquecieron lo que hoy hago”, dijo a Patricia Kolesnicov, del periódico Clarín. José Alberto Gutiérrez, dice el mismo texto, creció trabajando y no estudiando: no pasó del tercer grado.

Y, sin embargo, los libros.

En 1998, cuando trabajaba como conductor de un camión del aseo del distrito, encontró de madrugada, en plena faena, una caja llena de volúmenes diversos. El imán –y el hito de lo que sería después su misión– fue Ana Karenina, de León Tolstoi. Desde entonces se volvió también un cazador de libros en los vertederos, pensando que como esos habría cientos. Así fue. El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, obras varias de Gabriel García Márquez.

La gente le puso otro nombre, El Señor de los Libros. En el año 2000, Luz Mery y él fundaron la biblioteca en su casa, que hoy en día se nutre también de donaciones. La obra se convirtió en la Fundación La Fuerza de las Palabras.  “Gracias a la cantidad de donaciones de libros que recibimos semanalmente, tenemos suficiente material para crear más bibliotecas, nos faltan son interesados en mantenerlas”, dice la página web de la Fundación.  “La idea de una biblioteca comunitaria es que una familia ubicada en zonas vulnerables de Bogotá, preste la locación para que nosotros llevemos los libros y los estantes, y la familia se comprometa a mantenerla al servicio de la comunidad y en buen estado. El promedio de libros entregados es de 1000”, agrega el texto.

Con la colaboración de los vecinos de otros barrios deprimidos de Bogotá, crearon otras bibliotecas que, según el diario El Tiempo, se acercan a las 100. La idea, dice el mismo periódico, ha sido replicada en otras regiones de Colombia como el Chocó, Santander, Buenaventura, Putumayo y Caquetá.

José Alberto Gutiérrez participó en 2010 en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, una de las más grandes de la región y del mundo, y contó su historia.

Cuenta con poder organizar talleres de arte y literatura para adolescentes, con el apoyo de voluntarios y las donaciones de materiales.

 

Imagen tomada de Fundación La Fuerza de las Palabras

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