La contribución de América Latina en la reducción de la pérdida de alimentos

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En América Latina, cada año se pierden y desperdican 223 kilos por habitante de comida: 127 millones de toneladas de alientos, lo que, según la FAO, “sería suficientes para satisfacer las necesidades alimenticias de 300 millones de personas, el 37%  de todas las personas que sufren hambre a nivel global”.

La FAO traduce ese número en 348 mil toneladas de alimentos al día: el 25% de los cereales, el 40% de las raíces o tubérculos, el 55% de las frutas y hortalizas, 20% de las legumbres, el 20% de las carnes, el 20% de los lácteos y el 33% de los pescados y mariscos que van a la basura. En 2016, en su tercer boletín sobre el tema, indicó que esas cifras tendrían que reducirse a la mitad para 2030 “si la región quiere alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS” de la Organización de Naciones Unidas.

De acuerdo con la ODS, “la degradación de la tierra, la disminución de la fertilidad de los suelos, el uso insostenible del agua, la sobrepesca y la degradación del medio marino están disminuyendo la capacidad de la base de recursos naturales para suministrar alimentos”

“Desafortunadamente, muchos de los consumidores todavía no tienen conciencia acerca de cómo el desperdicio de alimentos contribuye al agotamiento de recursos naturales, impacta la formación de gases del efecto invernadero y causa sobrecarga en los rellenos sanitarios. La falta de información dificulta la implementación de nuevas tecnologías de envasado, que son soluciones reales, practicas, sustentables y eficientes en el combate al desperdicio. Para cambiar esta realidad, la industria y los minoristas deben unirse en la propagación de una concientización mayor”, añade Tobias Grasso, Vicepresidente para América Latina de Sealed Air Food Care.

Varias iniciativas están activas en la región para hacer este trabajo de reducción del despilfarro de comida. La FAO y varios gobiernos latinoamericanos conformaron “una Red de Expertos, una Estrategia Regional y una Alianza Regional para la Prevención y Reducción de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos”. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) estableció un Plan de Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre, con el fin de “acabar con el hambre en el año 2025”.

Según la FAO, Costa Rica y República Dominicana crearon comités nacionales para este tema; Brasil ha trabajado en una política nacional para la reducción de pérdidas y desperdicios, y un proyecto de ley para regular la donación de alimentos, Chile hace estudios preliminares para medir las pérdidas en rubros concretos como la lechuga, pan, arroz, papa y productos del mar, además de actividades de recuperación de alimentos en puntos de venta barriales y la entrega de consejos para prevenir el desperdicio doméstico de alimentos; Colombia ha solicitado apoyo técinoca de la FAO; Costa Rica tiene una Red para la Disminución de Pérdidas y Desperdicio de Alimentos , dentro de la cual SAVE FOOD Costa Rica ha estudiado directamente el tema en la cadena de producción del tomate y los  lácteos y realizado acciones para disminuir desperdicios en comedores institucionales y empresariales; en República Dominicana se avanza en la creación de un Banco de Alimentos.

Según Sputnik News, el Parlamento uruguayo discute un proyecto de ley que ataca directamente el despilfarro en supermercados e industrias de alimentos. La ley es similar a la que recientemente se aprobó en Francia: ningún establecimiento deberá desdechar alimentos que todavía sean aptos para el consumo y podrán entegrarse a organizaciones que asistan a personas que pasan hambre.

Banco de Alimentos: esta iniciativas llegaron a América Latina en los años 90 —México fue pionero, al crear uno en 1995 y en la actualidad cuenta con 58 de ellos–. Son organizaciones sin fines de lucro que se alían con empresas del sector “para evitar que los productos terminen en el basurero” y los distribuyen entre los necesitados de comida.

“En Latinoamérica, la aparición de los bancos de alimentos desde fines de los 90’s ha sido lenta pero sostenida, combinando experiencias más cercanas a la caridad cristiana, como es el caso uruguayo o con alianzas a la Food Banking Network, una red que en 35 países junta a varios bancos de alimentos como es el caso mexicano”, explica la web aprendoaahorrar.

El Banco de Alimentos de Perú, por ejemplo, trabaja con productores agrícolas, industriales y supermercados, y desde 2014 ha logrado distribuir más de 1 mil toneladas de alimentos aptos para el consumo que estaban a puntos de ser desechados.

La Red de Alimentos de Chile, que funciona desde 2010, puede entregar en una semana “entre 250 y 300 toneladas de comida a asilos, hogares y organizaciones de beneficencia, que suman 50 mil beneficiarios (de ellos la mitad niños entre 3 y 12 años) sólo en la Región Metropolitana”. En Colombia, por otra parte, donan más de 100 mil toneladas de alimentos al año.
Por su parte, en Colombia el banco de alimentos entrega más de  más de 100 mil toneladas de alimentos al año.

Dice el Objetivo 12 de Naciones Unidas para el desarrollo sostenible: “El objetivo del consumo y la producción sostenibles es hacer más y mejores cosas con menos recursos, incrementando las ganancias netas de bienestar de las actividades económicas mediante la reducción de la utilización de los recursos, la degradación y la contaminación durante todo el ciclo de vida, logrando al mismo tiempo una mejor calidad de vida. En ese proceso participan distintos interesados, entre ellos empresas, consumidores, encargados de la formulación de políticas, investigadores, científicos, minoristas, medios de comunicación y organismos de cooperación para el desarrollo. También es necesario adoptar un enfoque sistémico y lograr la cooperación entre los participantes de la cadena de suministro, desde el productor hasta el consumidor final. Consiste en involucrar a los consumidores mediante la sensibilización y la educación sobre el consumo y los modos de vida sostenibles, facilitándoles información adecuada a través de normas y etiquetas, y participando en la contratación pública sostenible, entre otros”.

 

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