Tato, el triciclo eléctrico para los cartoneros de una ciudad de la provincia de Buenos Aires

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En Argentina, el país donde nació esta iniciativa, les llaman “cartoneros”. Van a pie por las grandes ciudades latinoamericanas, empujando un carro de supermercado o carretas improvisadas, cargados con el peso de los residuos que recogen de los contenedores de la basura para comercializarlos para el reciclaje. Están entre los personajes fundamentales, aunque muchas veces invisibles, del paisaje urbano de nuestras ciudades. Los “recicladores urbanos”.

Un diseñador industrial de Bahía Blanca, de la provincia de Buenos Aires, diseñó un vehículo que les facilita el trabajo: un triciclo eléctrico, de emisiones cero, con capacidad para cargar hasta 250 kilos y una autonomía de funcionamiento de 20 kilómetros. Tato Movilidad Urbana Sostenible es el nombre del invento de Nicolás García Mayor, que el año pasado fue reconocido por la Corporación Andina de Fomento, en conjunto con la revista de innovación social Compromiso empresarial, como una de las diez iniciativas sociales más innovadoras.

“El diseño cambia todo. Pero no podés hacer nada si no pensás en los que hoy necesitan ayuda”, le dijo a Clarín. “Los cartoneros hacen un circuito virtuoso hermoso, están cuidando el planeta, devolviendo todo lo que nosotros tiramos al sistema económico”.

El Tato es como un rickshaw moderno, con una rueda más y un motor eléctrico. Según su web, su mantenimiento es económico y también su funcionamiento –0,1 céntimo de dólar por cada 400 kilómetros, y además tiene pedales para uso opcional, freno de mano, y se carga por completo en tres horas.

“En toda América Latina los recolectores urbanos son figuras clave en el proceso de reciclaje, sin embargo, en general carecen de estructura organizativa, reconocimiento formal y derechos legales. A pesar de su valioso aporte productivo y ambiental, son trabajadores excluidos de la sociedad con escaso poder político y económicamente vulnerables. La recuperación de residuos es tema de la agenda pública global. Por un lado, para reducir las tasas de generación de residuos y los impactos negativos que genera su disposición final, pero por otra parte, los residuos reciclables son materias primas que reducen costos económicos y ambientales, sin alterar la calidad de los productos finales”, dice la presentación de este diseño.

Con este contexto, el diseño pretende dignificar a este colectivo —cerca de 100.000 en todo el área metropolitana de Buenos Aires; 84.000, según los números que maneja este diseñador industrial– y “maximizar los beneficios para el medio ambiente y la sociedad en general, a través de acciones conjuntas entre el sector público, las empresas y los mismos recolectores”.

En la entrevista con Clarín, Nicolás García Mayor completa las cifras: “88 millones de toneladas de basura que se tiran por año. El 10%, 8 millones de toneladas, son papel y cartón, que se paga alrededor de $ 2,80 el kilo. Son $ 16 mil millones por año que van al relleno sanitario”.

Por eso, este proyecto también propone el funcionamiento de un centro de transferencia y programas de capacitación para este colecitvo y diferentes programas de capacitación para los recolectores.

 

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