Los colombianos en Estados Unidos votan mayoritariamente por Abelardo de la Espriella, cuyas políticas reflejan las de una Casa Blanca bajo el mando de Trump que deporta agresivamente a esos mismos colombianos
Peter Schurmann/ACoM
El 7 de agosto, Colombia investirá a su nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, una figura de extrema derecha de carácter incendiario y respaldada por Trump, a menudo conocido como “El Tigre”. El apoyo de la Casa Blanca durante la campaña jugó un papel decisivo para la victoria de De la Espriella en junio.
Dicho respaldo también le ayudó a obtener más del 80% de los votos emitidos por colombianos en el extranjero, muchos de ellos residentes en Estados Unidos, quienes ahora son objeto de medidas de deportación que el propio De la Espriella parece dispuesto a apoyar.
Fernando (quien pidió que solo se utilizara su nombre de pila) huyó de Colombia con su familia en 2022, año en el que una cifra récord de 547,000 colombianos abandonaron el país en medio de una creciente violencia e inestabilidad política. (El Migration Policy Institute, una organización apartidista, estima que el número de colombianos en situación migratoria irregular en Estados Unidos asciende actualmente a 444,000, frente a los 182,000 registrados en 2019).

Leon Hernandez vía Flickr. Publicada bajo licencia CC 2.0.
Según Fernando, cuyo caso de asilo sigue pendiente, él y su familia se enfrentaban a amenazas crecientes por parte de grupos delictivos locales en la zona rural de Colombia donde eran propietarios de un pequeño negocio. Ante las exigencias de dinero que no tenía, y temiendo por su vida y la de su familia, decidió marcharse.
En los últimos años, los grupos delictivos se han extendido por gran parte de América Latina, lo que explica en parte el drástico giro hacia la derecha que ha experimentado la región en las elecciones recientes.
Fernando, que ahora reside en el Área de la Bahía, afirma que se sintió atraído por la promesa de De la Espriella de aplicar “mano dura”, un estilo político caracterizado por medidas fuertes y una postura severa contra la delincuencia que, a menudo, ha derivado en violaciones de los derechos humanos y persecución política en diversos países de América Latina.
El salvadoreño Nayib Bukele es actualmente el exponente más conocido y popular de la política de “mano dura”. Su presidencia, marcada por abusos generalizados y documentados contra los derechos humanos, ha inspirado a líderes que van desde Daniel Noboa en Ecuador y Antonio Kast en Chile hasta el propio De la Espriella, cuya campaña estuvo repleta de promesas de aplastar a los grupos criminales de Colombia y construir una serie de megaprisiones similares al tristemente célebre CECOT de El Salvador.
Para colombianos como Fernando, cuyas vidas se habían visto trastocadas por el deterioro de la seguridad en el país, el mensaje tuvo eco. Sin embargo, había un elemento adicional en el atractivo de De la Espriella.
De la Espriella, un antiguo abogado litigante convertido en empresario, que se hizo de un nombre y una fortuna modesta defendiendo a políticos acusados de corrupción, así como a individuos con vínculos conocidos con narcotraficantes y grupos paramilitares, es también ciudadano estadounidense.
“Uno piensa que, tal vez por eso, existe la posibilidad de que nos brinden un poco más de apoyo aquí, donde podamos establecernos mejor y sentirnos más seguros”, comentó Fernando. Explica que, para los colombianos como él que residen en Estados Unidos con un estatus legal precario o incierto, la esperanza era que De la Espriella actuara en su nombre como un puente hacia la Casa Blanca.
De hecho, el futuro presidente parece dispuesto a asumir ese papel, aunque tal vez no de la manera que Fernando imaginaba.
El 22 de junio, el senador republicano colombiano-estadounidense de Ohio, Bernie Moreno se reunió con de la Espriella y poco después publicó un mensaje en la plataforma de redes sociales X. El mensaje decía, en parte, que el presidente electo había “acordado de inmediato que CUALQUIER ciudadano colombiano que solicitara asilo en (EE. UU.) debía ser devuelto a Colombia…”.
Moreno concluyó la publicación escribiendo: “Venir a Estados Unidos es un privilegio, no un derecho”.
Para colombianos como Fernando, fue devastador.
“Nos tomó completamente por sorpresa”, señaló, añadiendo que la idea de regresar a Colombia ahora, tras varios años viviendo y trabajando en EE. UU. y con una situación de seguridad cada vez más frágil en el país, resulta “complicada”.
Según datos recientes de TRAC Reports, en el año fiscal 2026, Colombia ocupó el quinto lugar entre las nacionalidades con mayor número de órdenes de deportación emitidas por jueces estadounidenses, sumando un total de 36,651 expulsiones. México encabezó la lista, seguido por Honduras, Guatemala y Venezuela.
Entre los detenidos se encontraba Franklin Humberto Coral Garrido, más conocido como Beto Coral, un activista digital que fue objeto de medidas por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) debido a sus críticas hacia de la Espriella. En un memorando del 16 de junio, el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, escribió que el activismo en línea de Coral “socava los intereses de la política exterior de Estados Unidos”.
Coral, quien llegó a Estados Unidos en 2015 y, al igual que Fernando, tenía un caso de asilo pendiente, fue deportado a Colombia el 16 de julio tras pasar un mes detenido por el ICE.
Para Fernando, su caso ejemplifica cómo la administración utiliza el sistema migratorio estadounidense como un arma. “Tenemos derecho a nuestras opiniones”, insistió.
La muerte de Joan Sebastián Guerrero, un colombiano de 26 años, a manos de un agente del ICE durante una parada de tráfico el 14 de julio en Biddeford, Maine, acrecienta la inquietud entre los colombianos residentes aquí. Guerrero, quien no era el objetivo de la operación, perdió la vida frente a su hija de tres años.
Para Fernando, que trabaja como repartidor, el temor a ser interceptado por el ICE es una realidad cotidiana.
También ha notado el silencio de De la Espriella tras la muerte de Guerrero, en contraste con las reiteradas exigencias del presidente saliente, Gustavo Petro, de que los ciudadanos colombianos sujetos a deportación sean tratados de manera humana y “con dignidad”.
“Me parece muy bien lo que hizo Petro”, reconoció Fernando, y añadió: “Él siempre se ha preocupado por el tema de la migración”.
Al reflexionar sobre su voto, Fernando hace referencia a la victoria electoral de Trump en 2024 y a los avances históricos logrados entre los votantes latinos.
“Al igual que hicieron los latinos al elegir a Donald Trump… yo hice lo mismo. Voté por Abelardo debido a algunas de sus propuestas”, dijo Fernando, “pero sin la intención de que esas mismas políticas atraparan y arrastraran a personas como yo”.
