JÓVENES AL PODER: ¿Qué valor aportan a las empresas?

Gestión del cambio: el valor de los jóvenes en las empresas

Ser joven viene de la mano, entre otras cuestiones, de la ilusión, los desafíos a nuevos retos y el deseo de comenzar a forjar un futuro.

En la actualidad, distintos especialistas afirman que esta generación es la más preparada de la historia. En contrapartida, según la Unesco, aquellos que se integraron recientemente al mercado laboral tienen el triple de posibilidades de estar desempleados frente a los adultos; más aún, la transición de la escuela al mercado laboral puede convertirse en un largo y difícil proceso. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), existe un desajuste entre las capacidades de los jóvenes y las competencias que los puestos de trabajo requieren.

Los jóvenes deben enfrentarse a algunos desafíos al momento de iniciar su carrera.  Desigualdad, informalidad laboral y falta de acceso a educación son algunos de los principales temas que preocupan. La disparidad entre lo que el mercado les exige y lo que la oferta académica les acerca es otro de los principales derroteros, ya que al momento de presentarse a una entrevista, se piden conocimientos técnicos y capacidades cognitivas, sociales y emocionales mucho mayores que los requeridos para el puesto en cuestión.

A esto se le suma que las nuevas generaciones tienen una concepción distinta del trabajo, que ya no tienen las mismas expectativas sobre lo que un trabajo significa en comparación con las generaciones anteriores al nuevo milenio. Ellos buscan experiencias desafiantes, flexibilidad horaria, crecimiento profesional y salarios competitivos.

Además, apuntan a una comunicación dinámica, en la que puedan acceder al personal jerárquico y a los líderes sin restricciones, y entablar vínculos sólidos con sus compañeros en una cultura laboral colaborativa. Aspectos que en tiempos pasados no solían escucharse, allí se priorizaba la estabilidad económica y la posibilidad de contar con un empleo para toda la vida.

El mundo laboral cambió, y algunas empresas ya lo saben, por lo que comenzaron a entender y a trabajar bajo estas nuevas reglas de juego. Hoy, no solo la empresa elige a sus empleados, sino que los profesionales también eligen dónde quieren trabajar y crecer de acuerdo a su propósito y valores.

Atraer y retener el talento joven se ha convertido en el verdadero reto para las empresas. Ahora bien ¿por qué apostar por el talento joven?

Incluir nuevos profesionales puede llevar a un cambio de paradigma dentro de la estructura de una empresa. El talento joven implica una constante evolución de la forma en que una empresa se organiza y maneja.

Los jóvenes vienen a traer políticas de cambio, innovación y rompen las empresas que se encuentran en comportamientos estancos. Para muchas, que estos profesionales puedan llegar y dinamizar todo esto, sin dudas es una luz al final del túnel.

Con innovación no me refiero solo a la elaboración de productos, sino también a la forma en la que opera la compañía y en cómo ésta desarrolla su modelo de negocios; lo que incide de manera positiva en el éxito comercial de un negocio.

Los denominados Millennials, generación Z o Y, han crecido de la mano de las nuevas tecnologías. La digitalización, sobre todo durante la pandemia, llegó para quedarse y hasta las empresas más pequeñas han tenido que adaptarse a esta nueva realidad para continuar en carrera.

Son capaces de abordar múltiples tareas a la vez, de adaptarse a los cambios con rapidez y eficacia, ya que están acostumbrados a los frenéticos cambios tecnológicos y el dinamismo. Aportan ideas, por lo que siempre están mirando por el crecimiento de la empresa, y por lo tanto el propio. 

Están más conectados, son más flexibles, tienen visión de futuro, proponen implementar procesos de formación dentro de la empresa, aportan voluntad y capacidad de aprender. Conectan a la empresa con su propósito superior, son prosumidores (consumidores actuales de bienes y servicios a la vanguardia, y a la vez son productores de contenidos y tendencias), enriquecen el trabajo en equipo, entre otros beneficios.

Algunas empresas, afortunadamente, ya están siendo capaces de identificar este valor agregado que traen las nuevas generaciones y están aportando su granito de arena para promover la inserción de los más jóvenes en el mercado laboral, así como su continuidad en las organizaciones.

Aún queda mucho camino por recorrer. Es un desafío pendiente erradicar la alta incidencia de la informalidad en el mercado de trabajo, que afecta especialmente a las mujeres y a las personas provenientes de hogares de menores ingresos y comprender que el capital humano comienza desde la primera infancia. Es vital facilitar el desarrollo integral y el acceso a servicios de calidad con el objetivo de garantizar sus derechos, fortalecer sus capacidades y acercar la igualdad.

Los jóvenes son un valor que aporta valor. Los jóvenes son los trabajadores y empresarios del futuro, y para muchos el futuro ya llegó. Es tarea de todos incorporarlos, darles lugar y promover su desarrollo.