La reducción de la inmigración y las deportaciones están afectando el empleo, las escuelas, los negocios y hasta la supervivencia de pequeñas ciudades que durante años dependieron de los inmigrantes para frenar la pérdida de población
La intensificación de las políticas migratorias de la Administración del presidente Donald Trump está teniendo consecuencias que van más allá de las grandes ciudades y la frontera con México: en comunidades rurales y pequeñas ciudades de Estados Unidos, donde los inmigrantes se han convertido en una pieza importante para sostener empleos, escuelas, negocios y el crecimiento de la población.

Esa fue una de las principales conclusiones del encuentro nacional “Crackdown, Slowdown: How Federal Immigration Policy Is Reshaping Small Town America”, que reunió a cinco expertos y líderes comunitarios para analizar el impacto de las políticas migratorias en la llamada América rural.
Los participantes fueron Jennie Murray, presidenta y CEO del National Immigration Forum; Tim Slack, profesor de Sociología de Louisiana State University; Rachel Perić, directora ejecutiva de Welcoming America; Mark Prosser, exjefe de Policía de Storm Lake, Iowa, y actualmente vinculado a la Diócesis de Sioux City; y el Dr. Carl Ruby, pastor principal de Central Christian Church en Springfield, Ohio.
La discusión puso sobre la mesa una aparente contradicción: algunas de las regiones donde las políticas migratorias restrictivas han encontrado mayor respaldo político son también lugares donde la llegada de inmigrantes ha contribuido a compensar el envejecimiento y la pérdida de población.
Menos inmigrantes, menos trabajadores y consumidores
La primera en intervenir fue Jennie Murray, presidenta y CEO del National Immigration Forum.
Murray situó el debate en el contexto económico nacional y sostuvo que Estados Unidos atraviesa un cambio significativo en sus flujos migratorios.
Según explicó, alrededor del 13 % de la población estadounidense es inmigrante, mientras que los trabajadores nacidos en el extranjero representan aproximadamente el 19 % de la fuerza laboral.
Murray destacó que esos trabajadores no se concentran exclusivamente en agricultura, servicios o empleos de baja cualificación, sino que participan en diferentes sectores y niveles de la economía.
La dirigente vinculó las deportaciones, las salidas voluntarias y la pérdida de autorizaciones de trabajo de inmigrantes con una posible reducción de trabajadores, consumidores y contribuyentes.
“Las empresas estadounidenses tienen menos trabajadores, hay menos personas contribuyendo a la economía, menos personas pagando impuestos y sosteniendo cosas como el Seguro Social”, afirmó Murray.
La presidenta del National Immigration Forum sostuvo además que el impacto debe analizarse en un país con una tasa de natalidad históricamente baja.
Según Murray, las proyecciones económicas que dependían de una mayor participación de inmigrantes en la economía deberán ser revisadas si continúa la reducción de la inmigración.
Más adelante, antes de abandonar el encuentro, Murray destacó que, a su juicio, existe una distancia entre el discurso político sobre inmigración y la percepción de buena parte de la población.
“El 80 % del país cree, de manera similar, que los inmigrantes aportan valor y que necesitamos un conjunto de soluciones justas, firmes y compasivas”, aseguró.
Murray defendió una política que permita deportar a criminales violentos, pero que no implique, según sus palabras, “remover a quienes contribuyen y a nuestros vecinos que aportan tanto”.
“La inmigración ha proporcionado un salvavidas”
El segundo participante fue Tim Slack, profesor de Sociología de Louisiana State University y especialista en cambios demográficos y económicos en comunidades rurales. Su participación puso cifras al fenómeno que describió Murray.
Para Slack, el papel de la inmigración durante la última década puede resumirse de manera sencilla:
“La inmigración ha proporcionado un salvavidas poblacional a muchas comunidades rurales”.
El académico explicó que entre 2010 y 2020 la población total de los condados rurales estadounidenses disminuyó aproximadamente un 0,5 %, algo que calificó como un hecho sin precedentes a escala nacional.
Sin embargo, esa caída no ocurrió de manera uniforme: aproximadamente dos tercios de los condados rurales perdieron población, mientras que un tercio consiguió crecer.
Slack señaló que el envejecimiento y la salida de jóvenes son dos factores determinantes.
Los inmigrantes, explicó, han permitido compensar parte de esas pérdidas. Entre 2020 y 2024, prácticamente toda la migración neta positiva registrada en condados rurales no adyacentes a áreas metropolitanas fue de origen internacional, según los datos expuestos por el profesor.
La transformación también se observa en las escuelas.
“Si alguna vez quieren ver hacia dónde se dirige la demografía, visiten una escuela primaria o secundaria”, dijo Slack.
Actualmente, añadió, aproximadamente uno de cada cuatro residentes rurales es una persona no blanca, mientras que entre los niños esa proporción asciende a aproximadamente uno de cada tres.
“El futuro de la América rural es cada vez más diverso, aunque las imágenes populares no siempre lo muestren”, señaló.
Pero una de sus declaraciones más contundentes llegó posteriormente, cuando fue preguntado directamente qué ocurriría si una parte importante de los inmigrantes desapareciera de estas comunidades.
“Lo que ocurre con estos pueblos es que envejecen, se reducen y mueren”.
Slack explicó que la pérdida de jóvenes ya representa un doble problema: no solo desaparecen habitantes y trabajadores, sino que quienes abandonan una comunidad forman posteriormente sus familias en otros lugares.
Sin nuevos residentes, advirtió, el resultado puede ser una combinación de reducción de la población, caída de la base tributaria, escasez de trabajadores y cierre de escuelas.
Crisis de confianza en las comunidades
La tercera intervención correspondió a Rachel Perić, directora ejecutiva de Welcoming America.
Perić trasladó el análisis desde las cifras hacia lo que está ocurriendo dentro de las comunidades.
Según explicó, el impacto varía dependiendo de la actividad del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y del contexto político de cada localidad, pero existe un elemento que se repite.
“Muchos lugares, incluidos lugares rurales, están viendo los resultados de una verdadera ruptura de la confianza y de las relaciones, y una fractura dentro de las comunidades”.
Perić atribuyó esa situación tanto a las políticas destinadas a expulsar inmigrantes como al miedo y la división que, según dijo, están generando.
Al mismo tiempo, señaló que existen ciudades que están adoptando una estrategia diferente: intentar atraer y retener población.
Mencionó como ejemplo a Emporia, Kansas, una comunidad certificada por Welcoming America que ha desarrollado esfuerzos para incorporar a los recién llegados a la vida local.
Para Perić, no se trata únicamente de beneficiar a los inmigrantes.
Una comunidad donde sus residentes confían en la Policía y en las instituciones públicas, participan y sienten que sus opiniones son escuchadas, afirmó, termina siendo una comunidad más fuerte para todos.
La dirigente también abordó una pregunta particularmente sensible: qué sucede en comunidades políticamente conservadoras que apoyaron políticas migratorias más restrictivas y ahora comienzan a experimentar directamente sus consecuencias.
“De repente, un vecino ha sido deportado y existe un reconocimiento de las consecuencias de estas políticas de una manera a la que antes las personas no habían estado expuestas”, afirmó.
Perić dijo que, en el ámbito local, la inmigración deja de ser una discusión abstracta.
“Estamos hablando de nuestros vecinos, de personas con las que trabajamos, con las que vamos a la iglesia”.
El caso de Storm Lake, Iowa
Después intervino Mark Prosser, quien durante décadas observó la transformación de Storm Lake desde su posición como jefe de Policía.
Prosser recordó que llegó desde el área de St. Louis a una pequeña comunidad rural de Iowa y durante unos 30 años presenció lo que describió como el impacto “positivo e impresionante” de la inmigración.
Según su relato, Storm Lake pasó de ser una localidad predominantemente blanca que perdía habitantes a convertirse en una comunidad diversa que aumentaba su población, sus industrias, sus comercios y su necesidad de nuevas viviendas.
“El crecimiento, la vitalidad y la energía que han llegado a las comunidades rurales de Iowa, especialmente al noroeste de Iowa, han sido cien por ciento crecimiento e impacto inmigrante”, afirmó.
Prosser puso como ejemplo el sistema escolar de Storm Lake, donde aseguró que aproximadamente el 91 % de los estudiantes desde preescolar hasta el grado 12 tienen un idioma principal distinto del inglés.
El exjefe policial contrastó esa realidad con otras pequeñas localidades de Iowa que han tenido que fusionar sistemas escolares debido a la pérdida de estudiantes y población.
En las comunidades que han recibido inmigrantes, aseguró, ocurre lo contrario: algunas escuelas están creciendo y construyendo nuevas instalaciones.
“La gente no va al trabajo, al médico, a la iglesia”
Prosser también describió las consecuencias que está observando ahora con el aumento de las acciones migratorias.
Según afirmó, no es necesario que ocurra una operación masiva de ICE para generar temor en una localidad pequeña.
La detención de una persona puede tener un efecto que se extiende rápidamente entre vecinos, familiares y trabajadores.
“Está provocando que la gente no vaya al trabajo. Está provocando que no vaya a sus citas médicas, que no comparezca ante los tribunales, que no vaya a la iglesia y que no vaya a comprar alimentos”.
Prosser añadió posteriormente que organizaciones comunitarias y religiosas en Iowa, Nebraska y Minnesota han incrementado su asistencia a inmigrantes, desde entregar alimentos hasta acompañar a personas a comparecencias judiciales o preparar documentos y planes familiares ante una posible detención.
Según el exjefe policial, ese tipo de ayuda se ha multiplicado “por diez o veinte” ante el actual clima migratorio.
Prosser también planteó una posible consecuencia política.
Iowa, recordó, pasó de ser un estado demócrata a competitivo y posteriormente a claramente republicano. Sin embargo, aseguró que algunas personas conservadoras están comenzando a observar directamente cómo las medidas afectan a sus propios vecinos.
“Nunca pensaron en el impacto total de la filosofía y la estrategia de la actual Administración sobre la aplicación de las leyes migratorias”.
Prosser afirmó que muchos votantes pensaban que las deportaciones se concentrarían en personas con antecedentes criminales y ahora observan cómo las detenciones alcanzan a trabajadores, vecinos y padres de compañeros de escuela de sus hijos.
“Esto realmente no es una campaña de deportación. Es una campaña de autodeportación a través del miedo, y está funcionando”, sostuvo.
Carl Ruby: Springfield vive “una crisis”
El último de los cinco panelistas en presentar su experiencia fue el Dr. Carl Ruby, pastor principal de Central Christian Church en Springfield, Ohio, una ciudad convertida en uno de los principales escenarios del debate nacional sobre la inmigración haitiana.
Ruby comenzó su intervención con una advertencia personal.
“Mis emociones están a flor de piel hoy porque esto está afectando a mi iglesia. Personas de mi iglesia están siendo equipadas con monitores de tobillo y detenidas por ICE”.
Springfield tenía alrededor de 54.000 habitantes y llevaba décadas perdiendo población cuando comenzó a recibir una importante comunidad haitiana, explicó Ruby.
Según el pastor, la ciudad había regresado prácticamente a la población que tenía en 1920 antes de la llegada de los nuevos residentes.
Los haitianos, afirmó, ayudaron a modificar esa trayectoria.
“Trajeron consigo un resurgimiento económico. Han creado negocios, iglesias y organizaciones sin fines de lucro. Han ayudado a empresas existentes a expandirse”.
Ruby aseguró que entre 10.000 y 15.000 haitianos de la zona se han visto afectados por la pérdida de sus autorizaciones laborales, creando dificultades para pagar alimentos y alquiler.
“Hay un nivel de pánico en la ciudad en este momento”, afirmó.
El pastor relató que inmigrantes han recibido comunicaciones para presentarse ante ICE, algunos han sido colocados bajo vigilancia electrónica y agentes migratorios habían estado realizando detenciones en Springfield durante los días inmediatamente anteriores al encuentro.
“Springfield está actualmente en una crisis y es totalmente innecesaria”, sostuvo.
Negocios, viviendas e iglesias
Ruby destacó que la salida de trabajadores no afecta exclusivamente a las familias inmigrantes.
Durante una conversación con el gobernador de Ohio, Mike DeWine, recordó que el propietario de una empresa fue preguntado sobre las dificultades para sustituir a sus trabajadores haitianos.
Según Ruby, el empresario respondió que necesitaría varios trabajadores estadounidenses para reemplazar a cada empleado haitiano, destacando su asistencia al trabajo, disposición para realizar horas extra y cumplimiento de pruebas de drogas.
El impacto también está llegando a su propia iglesia.
Ruby explicó que su congregación pasó de aproximadamente 125 miembros a unos 160 en un año y atribuyó ese crecimiento a la llegada de haitianos.
Sin embargo, en un servicio religioso en el que normalmente participaban unos 50 haitianos, recientemente acudieron muy pocos.
“Simplemente tienen miedo de salir de sus casas”, dijo.
Ruby aseguró también que Springfield está experimentando una expansión de viviendas que no se observaba desde hacía tiempo, con unas 3.000 nuevas casas en desarrollo, algo que vinculó parcialmente al aumento de la población haitiana.
“Nuestra comunidad los valora. Nos están ayudando a recuperarnos. Nos están ayudando a crecer”.
Una comunidad que comienza a organizarse
La presión migratoria también ha provocado una movilización de residentes, iglesias y organizaciones locales.
Ruby explicó que Springfield Neighbors United reúne a unas 400 personas interesadas en apoyar a la comunidad haitiana, mientras que otra organización, G92, agrupa aproximadamente a 20 iglesias dispuestas a ofrecer refugio o colaborar con congregaciones que lo hagan.
También se han formado grupos de respuesta rápida y se han convocado manifestaciones de apoyo.
Para Ruby, esa reacción representa otra parte de la historia de Springfield.
“Espero que cuando se cuente esta historia no sea sobre las cosas horribles que dijo el presidente, sino sobre cómo la comunidad de Springfield se unió alrededor de las personas cuando fueron atacadas”.
El impacto llega hasta los niños
Uno de los momentos más sensibles de la conversación llegó cuando Ruby habló sobre los hijos de familias haitianas.
“Los niños están aterrorizados”, afirmó.
El pastor aseguró que algunos menores que ya habían experimentado situaciones traumáticas en Haití ahora enfrentan el temor de ser enviados nuevamente al país caribeño.
“Los niños están teniendo pesadillas. La mayoría ya han sido traumatizados y ahora el miedo de ser enviados de regreso es simplemente abrumador”, relató.
¿Qué futuro tiene la América rural?
Pese a las diferentes perspectivas de los cinco participantes, una idea se repitió durante el encuentro: para muchas pequeñas ciudades, el debate migratorio no es solamente una discusión sobre fronteras o política federal.
Es también una discusión sobre quién trabajará, quién comprará en los negocios locales, quién tendrá hijos en las escuelas y quién sostendrá la base tributaria de comunidades cuya población lleva décadas envejeciendo.
Al cerrar su intervención, Slack lo resumió en una frase:
“Si las comunidades rurales de este país van a sobrevivir, la inmigración tiene que ser parte de esa ecuación”.
Prosser llegó a una conclusión similar desde sus tres décadas de experiencia en Iowa.
“Nuestras comunidades rurales que han experimentado la belleza de la inmigración y la diversidad necesitan seguir compartiendo esa historia”.
Y agregó:
“Este país fue construido sobre las espaldas de los inmigrantes y este país será sostenido sobre las espaldas de los inmigrantes”.
Para Perić, el desafío pasa también por contar las historias de las comunidades que están respondiendo a la incertidumbre mediante redes de solidaridad y apoyo.
Ruby, por su parte, cerró desde Springfield con una mirada de esperanza.
“En el fondo, la mayoría de los estadounidenses no están cómodos con lo que están viendo y entienden el valor de la inmigración”.
En un momento en que buena parte del debate nacional continúa concentrándose en deportaciones, cifras y la frontera, las experiencias de Springfield y Storm Lake plantean una pregunta distinta: ¿qué ocurre con las pequeñas ciudades de Estados Unidos cuando desaparecen precisamente las personas que estaban ayudándolas a volver a crecer?
