La vuelta a la patria: veinte años después

Escribo estas líneas en vuelo hacia Maiquetía acompañado por mi amor, esposa y compañera de vida, Analuisa; y después de leer y recibir los mensajes esperanzadores de mis hijos. En mi pecho llevo una turbulencia emocional. Pero mi mirada y mis ideas sobre lo que viene expresan claridad de propósito y compromiso.



Hay decisiones que no se toman en un instante. Se van construyendo lentamente, durante años, en conversaciones familiares, en recuerdos que regresan inesperadamente, en la nostalgia de los lugares que nos formaron y en la persistencia de una pregunta que nunca termina de desaparecer: ¿cuándo volver?

Después de dos décadas fuera de Venezuela, he decidido regresar.

No regreso movido por la nostalgia. Regreso porque creo que Venezuela está entrando en un nuevo tiempo y porque considero que ha llegado el momento de poner al servicio de su reconstrucción la experiencia, las relaciones, los aprendizajes y las capacidades acumuladas durante estos años.

Como millones de venezolanos, viví la experiencia del exilio y de la migración. Tuve que comenzar de nuevo. Construir una vida para y con mi familia, y una carrera lejos de la tierra donde nací. Estados Unidos nos abrió las puertas y nos ofreció la oportunidad de reinventarnos. Allí recibimos el inmenso privilegio de la naturalización y la posibilidad de contribuir a la vida pública de nuestro país de acogida sin dejar nunca de mirar hacia Venezuela y trabajar por ella, así como por los derechos de nuestra comunidad migrante.

Durante estos años he tenido la fortuna de participar en espacios de liderazgo público, comunitario y profesional desde los cuales he procurado defender las aspiraciones democráticas de nuestro pueblo, apoyar a nuestra diáspora y promover el empoderamiento de la comunidad latina en los Estados Unidos.

Nada de eso termina con este regreso. Por el contrario. Hoy más que nunca estoy convencido de que Venezuela necesita tender puentes con el mundo, y particularmente con los Estados Unidos. La relación entre Caracas y Washington será uno de los pilares de la recuperación económica, institucional y democrática del país. A esa tarea seguiré dedicando una parte importante de mi esfuerzo.

Regreso también para retomar mi ejercicio profesional, contribuir a la formación de nuevas generaciones desde la academia, promover inversiones que ayuden a generar empleo y bienestar, y participar en la construcción de espacios de diálogo, reflexión y consensos para el futuro.

Pero, sobre todo, regreso para escuchar.

Para recorrer el país.

Para reencontrarme con quienes resistieron desde dentro y con quienes regresan después de haber construido sus vidas en otras latitudes.

La Venezuela que emerge necesitará del talento de todos. De quienes nunca se fueron y de quienes un día tuvieron que partir. De quienes piensan distinto. De quienes han estado en lados opuestos de nuestras divisiones. De quienes todavía creen que es posible construir un proyecto compartido de nación.

Quizás por eso, mientras preparo este regreso, vuelvo una y otra vez a las palabras inmortales de Juan Antonio Pérez Bonalde en Vuelta a la Patria. Como tantos venezolanos de nuestra generación, he sentido alguna vez la tristeza del desterrado que contempla desde lejos la tierra amada y se pregunta si volverá a verla.

Hoy, afortunadamente, el sentimiento es otro.

No regreso a una patria idealizada. Regreso a una patria herida, compleja y llena de desafíos. Pero también a una patria viva, resiliente y esperanzada. Regreso a la construcción de la Venezuela posible.

Y mientras pienso en estos veinte años transcurridos, inevitablemente resuena en mi memoria aquel verso universal del tango que nos recuerda que “veinte años no es nada”.

Y aunque veinte años son bastante, años de separación, sacrificio, aprendizaje y crecimiento. Veinte años no es tanto cuando se trata de la patria; veinte años tampoco son suficientes para romper los vínculos que nos unen a ella.

Porque la patria no es solamente el lugar donde nacimos. Es el lugar donde siguen habitando nuestros recuerdos, nuestros afectos, nuestros sueños y nuestras responsabilidades.

Y cuando la patria vuelve a llamarnos, llega un momento en que simplemente hay que responder.

Ese momento ha llegado para mí.

Vuelvo con gratitud por lo vivido, con humildad ante los desafíos que nos esperan y con la esperanza intacta de contribuir, junto a millones de venezolanos, a construir una Venezuela democrática, reconciliada, próspera y libre.

Vuelvo porque creo en Venezuela. Creo en una Venezuela libre y para los venezolanos.

Y porque, después de todo, siempre supe que algún día volvería.