Latinos y matrimonios interraciales

Los matrimonios interraciales e interculturales han aumentado sostenidamente por
muchos años en Estados Unidos. Según el Centro PEW, alrededor del 17% de las nuevas
uniones son interraciales. Muchos de estos hogares tienen hijos multirraciales y
multiculturales.

El porcentaje de parejas casadas que son interraciales o interétnicas creció en todo el país
de un 7,4 al 10,2 por ciento entre 2000 y 2016, de acuerdo a la Oficina del Censo.
La raza mixta es la categoría de más rápido de crecimiento en identidad racial. Se triplicó
entre 2010 y 2020, según el último censo.Por ejemplo, Sonia y Richard Kang conforman un hogar multicultural y multirracial que encapsula orígenes latinos, afroamericanos y coreanos. Tienen 4 hijos, a quienes presentan como “multiculturales”.

Sonia es hija de una mexicana y un afroamericano, nacida en Puerto Rico. “Tengo una
tercera cultura con la que me identifico”, dice. En Los Ángeles conoció a su esposo
Richard, quien es coreano-americano. Define su hogar como multirracial, multicultural y
multilingüe.

Ella es vicepresidente de Multicultural Families of Southern California (Familias
Multiculturales del Sur de California) y propietaria de Mixed-Up Clothing, una marca de
prendas de vestir para niños. “Hay algo en la ropa que trae un sentido de identidad y
quería ofrecerlo a nuestros hijos”.

Justin Gest, profesor asociado de política y gobierno en la George Mason School of Policy
and Government, anticipa que las personas blancas no hispanas ya no serán la mayoría,
sino una más entre las muchas minorías.

Para proporcionar un marco histórico, el estudioso recuerda el caso Loving contra Virginia,
cuya sentencia sentó jurisprudencia, invalidando las leyes que prohibían el matrimonio
interracial en el país. Fue el 12 de junio de 1967.

Agrega que no hay vínculo más fuerte que el existente entre personas casadas. “El
matrimonio puede traspasar las políticas divisivas en sociedades con transición
demográfica”. Las relaciones interraciales entre amigos y vecinos también trascienden
estas barreras, según el estudioso del tema.

Un camino con altas y bajas

“Desde niña supe que yo no encajaba fácilmente. Crecí en la época de Farrah Fawcett,
rubia y de ojos azules. Yo era de piel más oscura y con rulos. Mi apellido es Smith, pero
vivía en un área latina”, recuerda Sonia.

Richard nació en EE. UU. pero no habló inglés hasta la edad escolar. Hablaba en coreano
con su mamá. “Yo sabía que era diferente cuando entré a la escuela, porque fue la
primera vez que hablé inglés. Vivía en un área predominantemente blanca y entendía que
mi familia era distinta”.

La familia de Sonia aceptó la unión, pero enfrentaron resistencia ante los familiares de
Richard. “Mis padres se oponían. Creí que eso nunca sería resuelto. Sentí que tenía que
elegir entre Sonia y ellos. Por momentos sentí que los había perdido”.
Estaba decidido a casarse. Sus allegados que habían vivido situaciones similares le decían
que, con el tiempo, la aceptarían. Su padre se enfermó y sentir que tenía el tiempo
limitado le ayudó a cambiar su actitud. Los nietos ayudaron a que todo mejorara.
Allison Skinner Dorkenoo, profesora adjunta de Ciencias del Comportamiento y del
Cerebro en la Universidad de Georgia, considera que en el periodo colonialista, a los
hombres ricos blancos les beneficiaba crear divisiones para evitar uniones con personas
de color. “Esto formó ese lente histórico”, afirma.

Complementa diciendo que quienes se apegan a estructuras jerárquicas y de roles de
género más tradicionales en la sociedad, son los más inclinados a reprobar estas uniones.
Gest, por su parte, señala que los gobiernos estatales no siempre se comportan de la
mejor manera. Los percibe como excluyentes. “Explotan pluralidades para poder ganar”.
Y lamenta que nos enfoquemos en lo negativo. “Somos pesimistas. Existen estudios
excelentes que son muy deprimentes. Hay estadounidenses que no quieren compartir con
personas ideológicamente diferentes. Desafortunadamente, eso no es una forma de
construir puentes en una nación”.

Según sus datos, “Desde el 2004 y hasta el 2020 los grupos raciales diversos se hicieron
demócratas y los republicanos eran blancos no hispanos. Eso no es saludable. Por eso
vemos tantos debates sobre la identidad”.
Piensa que la migración y el cambio demográfico desnudan las políticas polarizadas y
dividen a las personas. En cuanto al temor de la posible revocatoria futura del matrimonio
interracial, le parece “hiperbólico y poco probable”.

Hogares multirraciales y futuro

Sonia siempre se pregunta: “¿Cómo haremos que el mundo sea mejor para mis hijos?” Y
remata: “Está cambiando, pero aún vamos a encontrar obstáculos”.
Richard comenta que a veces no los perciben como pareja, sino como dos personas que
caminan juntos. “Cuando nos ven en familia, es evidente que la gente no lo entiende de
entrada”.

Considera que el desafío para los pequeños está fuera de la casa, desde el momento
cuando comienzan a llenar formularios en la escuela. “Allí tienen que elegir una sola
casilla, ninguna les ofrece lo que ellos son realmente. Los educadores tampoco lo
entienden”.

Ambos confiesan que hablan mucho sobre cómo conformar su hogar, qué productos,
libros y películas llevar a casa para preservar su identidad. “Queremos ver a quienes se
ven como nosotros”.

Gest recomienda el contacto inter-grupos. “Cuando las personas diferentes se juntan, el
pluralismo y el prejuicio disminuyen. Esta teoría está en debate, pero hay pruebas de que
esto es real”. Cree que “Podemos tomar decisiones desde gobiernos y estados para
estructurar nuestra sociedad”.

También explica que “En mis investigaciones encontré que hay muchos países que han
pasado por transiciones similares y tenemos que aprender de ellos”, concluye.