Microplásticos: una amenaza creciente para la salud de los latinos

Las comunidades latinas se encuentran entre las más afectadas por los impactos de esta crisis ambiental

Los microplásticos ya no son solo un problema ambiental abstracto: están en el agua que bebemos, en los alimentos que consumimos y en el aire que respiramos. GreenLatinos señala en su iniciativa PVC Watch que las comunidades ubicadas cerca de instalaciones que producen PVC enfrentan mayores riesgos de exposición a contaminantes tóxicos vinculados a este plástico. Muchas familias latinas desconocen que el contacto con estas partículas puede comenzar mucho antes de llegar al hogar. Según Pierre Herckes, profesor de la Universidad Estatal de Arizona (ASU), los niveles de microplásticos en el cuerpo humano aumentaron un 50% entre 2016 y 2024.

Maria Kray – Pexels

El policloruro de vinilo, conocido como PVC, está en todas partes: tuberías, materiales de construcción, envases y productos de uso cotidiano. Su fabricación requiere cloruro de vinilo, una sustancia clasificada como carcinógeno humano por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA). Pero los riesgos no terminan en las fábricas. A medida que este plástico se degrada en vertederos, ríos y océanos, se fragmenta en microplásticos que contaminan el agua y los alimentos.

Las comunidades latinas enfrentan mayores riesgos de contaminación

Las comunidades latinas se encuentran entre las más afectadas por los impactos de esta crisis ambiental. Más de 15 millones de latinos viven en condados con los peores índices de contaminación del aire del país, según datos documentados por GreenLatinos. Un informe de Clean Air Task Force señala que casi 1,8 millones de latinos residen en condados donde la contaminación tóxica de instalaciones petroleras y petroquímicas supera el nivel de riesgo de cáncer considerado preocupante por la EPA. 

El “Callejón del Cáncer” de Luisiana

El caso más documentado es el del “Callejón del Cáncer” de Luisiana, un corredor industrial de 85 millas entre Baton Rouge y Nueva Orleans donde se concentra una de las mayores producciones de cloruro de vinilo y PVC del país. Un estudio de la Facultad de Derecho de Tulane estima que la exposición a contaminación tóxica del aire genera alrededor de 85 casos adicionales de cáncer cada año en la región. “Estamos muriendo por inhalar la contaminación de las industrias. Se siente como una sentencia de muerte”, declaró Sharon Lavigne, fundadora de RISE St. James, a Human Rights Watch.

La exposición crónica al cloruro de vinilo no solo genera cáncer. Según la doctora Val Z. Schüll, directora del Programa de Equidad del Agua y Océanos de GreenLatinos, esta sustancia también contribuye a defectos de nacimiento y puede causar daño neurológico permanente, “creando un ciclo de contaminación ambiental que afecta desproporcionadamente a las comunidades latinas y de bajos ingresos”. 

GreenLatinos advierte que la amenaza no se limita al “Callejón del Cáncer”. En Arizona, un estado donde el calor supera los 100 °F (38 °C) durante un promedio de 111 días al año, las altas temperaturas aceleran la migración de químicos desde los envases plásticos hacia los alimentos y el agua. 

Qué pueden hacer las familias

La solución, coinciden científicos y organizaciones, debe operar en dos frentes simultáneos: el hogar y la política pública. En el nivel doméstico, la doctora Tracey Woodruff de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) recomienda evitar calentar alimentos en recipientes plásticos, aunque estén etiquetados como aptos para microondas; reemplazar botellas y envases deteriorados por vidrio o acero inoxidable; cambiar tablas de cortar plásticas por madera o bambú; y desechar sartenes antiadherentes rayadas. “Lo primero fue dejar de meter plástico al microondas”, contó Dino García, residente de Queens. “No cambiamos toda la cocina de un día para otro, pero empezamos por lo más básico”.

En el ámbito legislativo, la EPA está evaluando actualmente los riesgos del cloruro de vinilo, lo que podría derivar en regulaciones más estrictas sobre la producción de PVC. En Nueva York, el Concejo Municipal presentó en enero de 2026 una propuesta para exigir pruebas de microplásticos en el sistema de agua de la ciudad. “Si tu casa se está inundando, lo primero que haces es cerrar la llave del agua. Eso es lo que necesitamos hacer con los plásticos”, advirtió Rolf Halden, director del Biodesign Center for Environmental Health Engineering de ASU.

Mientras continúan las investigaciones sobre los efectos de los microplásticos en la salud humana, el debate sobre los riesgos asociados al PVC sigue cobrando relevancia en comunidades expuestas a la contaminación derivada de su producción y degradación.