Expertos advierten que el retroceso del apoyo a Donald Trump entre votantes latinos no implica necesariamente un regreso automático al Partido Demócrata.
El costo de vida, los salarios, la vivienda y la salud aparecen entre las principales preocupaciones de un electorado cada vez más independiente y dispuesto a cambiar su voto
El avance que Donald Trump consiguió entre los votantes latinos en las elecciones presidenciales de 2024 mantiene abierto un debate sobre el posible realineamiento político de uno de los electorados de mayor crecimiento en Estados Unidos.
Dos años después, sin embargo, especialistas que estudian el comportamiento electoral hispano consideran que el panorama es más complejo: una parte de esos votantes se está alejando de Trump y de los republicanos, pero eso no significa necesariamente que esté regresando de manera permanente al Partido Demócrata.

Marisa Isabel De Franco Quiñones, directora sénior de investigación de Equis Research; el estratega político republicano Mike Madrid; Clarissa Martínez-De-Castro, vicepresidenta de la Latino Vote Initiative de UnidosUS, y el académico Eli Valentin analizaron las transformaciones del electorado latino durante un encuentro con representantes de medios de comunicación.
De un “realignment” a un “dealignment”
María Isabel Di Franco Quiñones reconoció que, después de las elecciones de 2024, dentro de Equis Research hubo momentos en los que los datos parecían apuntar hacia un realineamiento del electorado latino.
Pero la Directora de Investigación de la compañía reconoce que los resultados de elecciones posteriores y nuevas encuestas comenzaron a mostrar un comportamiento diferente.
La investigadora describió el fenómeno como un “dealignment”, caracterizado por una menor identificación con el Partido Demócrata y un crecimiento del número de latinos que se consideran independientes, sin que el apoyo electoral obtenido por candidatos republicanos se traduzca necesariamente en una identificación más fuerte con ese partido.
De Franco Quiñones advirtió además sobre el riesgo de sacar conclusiones nacionales a partir de una sola elección.
“Latinos are lost” o “Latinos are back” son, según explicó, ejemplos del análisis excesivamente reactivo que puede surgir cuando se observa únicamente un ciclo electoral.
Desde las elecciones de 2024, agregó, las encuestas muestran que una parte significativa de los votantes latinos se ha desencantado con Trump. Pero ese descontento tampoco debe interpretarse automáticamente como apoyo a los demócratas.
Según la última ronda de encuestas citada por De Franco Quiñones, alrededor del 14 % de los latinos que votaron por Trump en 2024 dijo que apoyaría ahora a un candidato demócrata en noviembre, mientras que otro 10 % permanece indeciso.
“Esa es una parte realmente significativa del electorado que apoyó a Trump y que ahora nos dice que apoyaría a un demócrata”, afirmó.
Los votantes irregulares podrían tener un papel clave
El movimiento, según De Franco Quiñones, no está limitado a un único grupo demográfico.
Equis ha observado cambios entre hombres y mujeres, jóvenes y mayores, y en lugares tan distintos como Texas, el Valle del Río Grande, Nevada y Arizona.
Sin embargo, destacó especialmente a los “irregular voters”, aquellos ciudadanos que no participan consistentemente en todas las elecciones.
Trump obtuvo algunas de sus mayores ganancias en 2024 precisamente entre esos votantes, incluidos quienes no habían participado en 2020 o acudían a las urnas por primera vez.
Su comportamiento será particularmente importante en las elecciones de medio término, explicó, porque históricamente tienen menos probabilidades de votar en este tipo de comicios.
Como ejemplo del movimiento posterior a 2024, De Franco Quiñones señaló la elección para gobernador de Nueva Jersey de 2025, donde zonas de alta concentración latina, entre ellas partes del condado de Hudson, mostraron un aumento del apoyo al candidato demócrata respecto a los niveles obtenidos por Kamala Harris en 2024.
La investigadora pidió, no obstante, cautela al interpretar primarias y elecciones especiales, porque su participación electoral no necesariamente representa al conjunto del electorado latino.
“No estoy diciendo que se estén moviendo hacia los demócratas”
Mike Madrid situó el origen de estos cambios mucho antes de las elecciones de 2024.
El autor de The Latino Century sostuvo que las señales comenzaron a aparecer desde 2016 y que durante varios ciclos electorales los demócratas fueron perdiendo apoyo latino mientras muchos analistas y encuestadores subestimaban el fenómeno.
“Está sucediendo. Ha estado sucediendo”, afirmó.
Pero Madrid hizo una precisión importante: lo ocurrido, según su interpretación, “No es y nunca ha sido una realineación.”
Para el estratega, el fenómeno fundamental es un alejamiento de las estructuras partidistas tradicionales.
“Lo que estamos presenciando es un amplio alejamiento institucional de los partidos políticos”, afirmó, al tiempo que señaló el surgimiento de lo que denominó un “Populismo Latino”.
Madrid anticipó que los latinos podrían alejarse históricamente de los republicanos en este ciclo electoral o hacia 2028, pero enfatizó que eso no equivale necesariamente a una adhesión al Partido Demócrata.
“Fíjense que no estoy diciendo ‘a los demócratas’. Estoy siendo muy deliberado en la elección de mis palabras”, dijo.
Según Madrid, algunos electores que se apartaron de los demócratas y respaldaron a Trump no se estaban convirtiendo necesariamente en republicanos ni adoptando una identidad política trumpista.
Ahora podría ocurrir un movimiento similar en dirección contraria: votantes insatisfechos con los republicanos pueden escoger candidatos demócratas sin establecer una nueva lealtad partidista.
La economía, una preocupación de décadas
Madrid también rechazó la idea de que las preocupaciones económicas de los votantes latinos sean un fenómeno reciente.
“La economía […] ha sido el tema dominante durante 30 años. Esto no es algo nuevo”, sostuvo.
A su juicio, tanto las instituciones políticas como parte del liderazgo latino han prestado insuficiente atención a las demandas económicas de una población mayoritariamente trabajadora.
Clarissa Martínez-De-Castro coincidió en que el componente cambiante del electorado hispano tiene raíces anteriores a Trump.
La vicepresidenta de la Latino Vote Initiative de UnidosUS recordó que ya en un informe que escribió en 2002 identificaba un elemento swing entre los votantes hispanos, incluidos electores dispuestos a dividir su voto entre candidatos de diferentes partidos.
Durante años, explicó, los republicanos hicieron poco por acercarse a los latinos e incluso los antagonizaron, mientras los demócratas obtenían los beneficios electorales de esa situación sin necesariamente consolidar ese respaldo a largo plazo.
Cuando los republicanos comenzaron a competir más activamente por esos votantes, mientras persistía la percepción de promesas incumplidas por parte de los demócratas, el escenario empezó a cambiar.
A ello se suma la renovación constante del electorado. Según Martínez-De-Castro, entre el 20% y el 25% de los latinos que acuden a las urnas en cada ciclo son nuevos en el electorado.
Hablar solo de inmigración también es un error
Martínez-De-Castro cuestionó una de las interpretaciones más frecuentes sobre el voto latino: que la inmigración determina por sí sola sus decisiones políticas.
Durante años, dijo, algunos candidatos asumieron que, si hablaban con los hispanos, debían hacerlo exclusivamente sobre inmigración.
“Y estaban equivocados entonces. Sin duda, estarían equivocados hoy”, afirmó.
Pero advirtió que cometer el error contrario también distorsiona la realidad. La idea presente en algunos sectores republicanos de que los latinos no están interesados en la inmigración “sería también un error”.
La diferencia está en el peso que adquieren las preocupaciones económicas.
Según los datos presentados por Martínez-De-Castro, ocho de cada diez adultos hispanos que trabajan forman parte de la clase trabajadora, por lo que pequeñas variaciones en los gastos familiares pueden determinar si un hogar consigue mantenerse a flote.
En este momento, afirmó, cuatro de las cinco principales preocupaciones del electorado latino están relacionadas con el bolsillo: costo de vida, salarios y empleo, vivienda y atención médica. La inmigración aparece en quinto lugar.
“Trump owns the economy”
Martínez-De-Castro relacionó esas preocupaciones económicas con el atractivo que diferentes candidatos, incluso ideológicamente opuestos, han tenido entre determinados sectores del electorado latino.
Parte del respaldo que Bernie Sanders consiguió entre hispanos, explicó, estuvo relacionado con su discurso sobre la economía y su impacto en las familias trabajadoras. También identificó un componente económico en el atractivo de Trump.
Su conclusión resume una de las principales ideas planteadas durante la conversación:
“El descontento económico ayudó a Biden a derrotar a Trump. Luego ayudó a Trump a derrotar a Biden y a Harris. Y ahora mismo, Trump es dueño del tema de la economía.”
Para Martínez-De-Castro, esto significa que los demócratas tampoco pueden asumir que el descontento actual con Trump garantizará automáticamente su regreso.
¿Un giro hacia la izquierda o populismo económico?
La conversación pasó entonces al académico Eli Valentin y a otro fenómeno que podría ayudar a entender las nuevas dinámicas del voto latino: el respaldo que candidatos identificados con la izquierda económica han conseguido entre algunos de estos electores.
La moderadora señaló específicamente el desempeño de Zohran Mamdani entre votantes latinos en Nueva York y las victorias de candidatos socialistas demócratas frente a figuras del liderazgo tradicional del Partido Demócrata.
La pregunta planteada a Valentin fue si esos resultados representan un verdadero movimiento ideológico de algunos latinos hacia la izquierda o si, por el contrario, esos votantes están respondiendo principalmente a mensajes de populismo económico, sin adoptar necesariamente la etiqueta socialista.
Su respuesta abre una nueva dimensión del debate sobre un electorado que, según los expertos, ya no puede analizarse únicamente bajo las categorías tradicionales de demócrata o republicano.
Hasta este punto del encuentro, los datos y análisis convergen en una advertencia: el alejamiento de algunos latinos de Trump no equivale automáticamente a un regreso permanente al Partido Demócrata.
Con el costo de vida en el centro de sus preocupaciones y un creciente segmento independiente o menos identificado con los partidos, el voto latino vuelve a presentarse como un terreno en disputa de cara a noviembre.
